La Voz de Dios
Debemos aguzar nuestros oídos para escuchar la voz de Dios. Esto es como el
niño a quien su padre le dice durante un concierto de orquesta sinfónica: <<
Escucha las flautas en esta melodía. ¿No es maravilloso su sonido? >> El
niño, incapaz de distinguir las flautas, mira desconcertado a su padre y le
dice: << ¿Cuáles flautas, papá? >>
El niño debe aprender primero cómo suenan las flautas por sí solas,
separadas de toda la orquesta, antes de poder escucharlas en una sinfonía.
Lo mismo pasa con nosotros como hijos de Dios. A menos que nos demos tiempo
para oír la voz del Señor en los momentos silenciosos de la vida, no lo
oiremos en los momentos sinfónicos de nuestra existencia. ¾
— Mención: Stephen Macchia, Becoming a Healthy Church,
Baker Books, 1999, p.63
Libro: Ilustraciones perfectas sobre todo tema y para toda ocasión /
Editorial Unilit / Craig Larson.
|