Empápese del perdón de Dios
Se cuenta una historia acerca de un viajero que recorría las selvas de Burma
con un guía. Llegaron a un río ancho y poco profundo, y lo vadearon hasta el
otro lado. Cuando el viajero salió del río, muchas sanguijuelas se habían
prendido del torso y las piernas. Su primer instinto fue agarrarlas y
quitárselas, pero el guía lo detuvo, advirtiéndole que si se arrancaba las
sanguijuelas, estas dejarían pedazos finísimos bajo la piel que luego le
producirían infecciones.
La mejor manera de quitarse las sanguijuelas del cuerpo, aconsejó el guía,
era bañarse en un bálsamo tibio por algunos minutos. El bálsamo penetraría
en las sanguijuelas y estas se soltarían del cuerpo del hombre.
Cuando otra persona nos ha herido en gran manera, no podemos arrancarnos la
ofensa- y esperar que se vaya toda amargura, rencor y sentimiento. El
resentimiento aun se esconde bajo la superficie. La única manera de llegar a
ser verdaderamente libre de la ofensa, y perdonar a otros, es empaparse uno
en el baño tranquilizador del perdón que Dios ofrece. Cuando uno por fin
comprende la amplitud de amor de Dios en Jesucristo, el perdón a otros fluye
de modo natural. ¾
Mención: Gary Preston, Carácter Forged from Conflict, Betania, 1999
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Editorial Unilit / Craig Larson
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