Que hablen en mi idioma
Philip Yancey narra en su libro The Jesus I Never Knew un episodio de su
juventud en que el concepto de <<el Verbo se hizo carne>> se
le clarificó con significado profundo:
<<Aprendí acerca de la encarnación cuando mantenía un acuario de
agua marina. Descubrí que el manejo de un acuario marino no es algo
fácil: debí organizar un laboratorio químico portátil para controlar
los niveles de nitrato y el contenido de amonio; bombeaba vitaminas,
antibióticos, fármacos para crecimiento bacterial y suficientes enzimas
para hacer crecer una roca; filtraba el agua por medio de la fibra de
vidrio y carbón, y la exponía a la luz ultravioleta.
Se podría pensar que en vista de toda la energía dedicada a favor de mis
peces, estos al menos estarían agradecidos. No era así. Cada vez que mi
sombra se aproximaba por sobre el tanque se sumergían para esconderse en
la concha más cercana. Solo me mostraban una emoción: miedo. Aunque yo
abría la tapa y dejaba caer alimento a un horario regular, tres veces al
día, ellos respondían como si cada visita fuera una segura señal de que
iría a torturarlos. No podía convencerlos de mi sincera preocupación.
<siguiente>
|